viernes, 16 de marzo de 2012

MONJE MAESTRO

                                                                                                                                        asis1.jpg                                                                                              
                                                                                                                                                                                                                                                                            
                                        Hoy me propongo hacer algo muy diferente; hoy voy a correr. Desarmé mi carpa, guardé  todos los bártulos y me decidí a entrenar las “botas de patrullas”, los borcegos, que me regalaron los hombres del 3; los otros ya tuvieron bastante batalla, los voy a dejar descansar, por lo menos por hoy. Me decidí trotear; es decir con mi mochila cargada y a cuesta voy hacer una incursión más ofensiva en el camino y en todos mis sistemas físicos, mentales y espirituales para someterlos a una exigencia mas fuerte.- Miré hacia el Este; el Sol ya estaba bastante alto sobre la línea del horizonte y, cosa extraña o no tanto si lo miramos bien, mi “estrella” había cambiado el rumbo, estaba en ángulo mas cerca mio, no ya  paralela a mi.-
                                      Empecé a trotar. La mochila me pesaba en la espalda pero mis pantorrillas estaban bien afirmadas y bien predispuestas para soportar el peso y la tensión de la  exigencia. Me puse contento las botas del 3, funcionaban a las mil maravillas. Sentía la presión en el abdomen, en la espalda y el pecho; mis brazos constantemente tensionados por estar implicados en la sujeción de las correas de la mochila, me producían cierta incomodidad así que tome mi bastón de laurel y lo cruce sobre el pecho  a la manera que sería si estuviera cargando un fusil. Cambió la cosa, pero pensé, no es para correr así mucho tiempo controlare mis movimientos para ver cuando tengo que parar. Ya eran casi las 10 de la mañana; había hecho mas o menos mil metros; no se si es mucho o es poco en los cálculos que los estudiosos de esto tienen; pero yo me la estaba aguantando, era la primera vez que los hacía y además sentía que todo mi ser respondía a las mil maravillas el desafío. Ya hice un kilometro y medio, siento las pantorrillas y los muslos cansados; mi espalda se va arqueando poco a poco, mi pecho está caliente, debe ser por el roce, tal vez, de mi bastón sobre él; mi mente está lucida pero noto cierto cambio en  tratar de mantener la idea de seguir, mi vista por momentos se nubla, veo pero a veces no miro, no distingo muy bien las figuras que puedan estar adelante en el camino.  Es eso lo que me pasa con un bulto que veo allá a lo lejos entre medios de las ondas que el calor de la mañana crea y que a veces a uno le parece que esta viendo visiones. No quise apurar el paso, no tenía el compromiso de exigir demasiado a toda mi humanidad,  así que deje que el movimiento, la distancia y el acercamiento hicieran lo que debía hacerse.                                                                           
                Estaba a unos trescientos metros del bulto. Era un hombre. Un monje. Me dí cuenta por su habito muy llamativo; estaba a la vera del camino, bajo este solazo, mirando al Este en una posición de meditación. ¡Hay otros locos peores que yo pensé! Iba a pasar muy cerca de él y no quería interrumpirlo; así que aminore la marcha no me detuve y trate de pasar desapercibido por detrás. Desapercibido dije. No lo logre porque en el  preciso momento que estaba a la altura de su posición se me atraganto una carcajada en la garganta, quise tragar saliva para aliviar la presión que eso me producía y mis piernas ya no estaban controladas porque apoye mal un pie en pleno trote y se me desgobernaron las piernas viéndome, como en una película, como me desparramaba  con toda mi humanidad y equipos incluidos en el manto de polvo del camino haciendo una verdadera nube que nos cubrió a los dos. Quedé como las tortugas, pataleando y con el lomo sobre la tierra; me puse de costado y allí me quede, pensando, todavía con la carcajada por querer salir y deseando que el monje ni se haya dado cuenta y mucho menos que lo haya molestado en su meditación. Me equivoque. ¡Porqué interrumpes mi meditación!  Me dijo sin mirarme y sin perder su posición; ¡Perdón Maestro! le dije, no quería ni hablarle. Me sacudí el polvo de mi ropa, acomodé mi mochila, tomé mi bastón que estaba como a tres metros de mí y me puse a seguir mi camino. El monje siempre de espaldas hacia el  mí, firme y concentrado en su hacer. Ya emprendía nuevamente la marcha cuando me dice ¡Caminante no puedes irte, tienes que quedarte, debes hablar conmigo! Me volvió la seriedad al rostro ¿me conoce? me dije para mis adentros; pero porqué me dice “NO  puedes irte” “TIENES que quedarte” “DEBES hablar conmigo”. Me senté varios metros detrás de el para no interrumpirlo, lo mire, lo estudie, traté de adivinar que era esta situación y cuando fije aún mas mis ojos en su figura otra vez la carcajada quería surgir, pero ahora sabía porque me había agarrado ese ataque de risa, pero se los voy a contar después sino todo esto se va al carajo, ¡estaría bueno!  Nos divertiríamos, pero este Maestro no se merece que le falte el respeto de esa manera. Tal vez también se reiría, pero por las dudas dejémoslo así.-
                                                   Son las dos de la tarde; 14 horas PM si quieren o una hora avanzada para estar meditando bajo el sol también sirve o si lo prefieren ¡es un horario de mierd……para estar aquí! El Maestro Monje se inclino suavemente hacia la dirección de la salida del sol, el Sol ya lo había pasado en su recorrido, de una manera reverencial. Se sacudió la tierra del hábito y me miró. Yo traspiraba como un caballo y creo que ya olía también a caballo.- Me dice ¡Caminante es un honor para mí conocerte y acompañarte en éste tramo de tu peregrinación hacia el Conocimiento! Yo le respondí ¡Maestro de donde carajo salió Usted! Lo sorprendió la expresión pero entendió  el mensaje. ¡Soy el último de los Monjes Entrenadores! ¡Tengo la función y  la obligación de guiarte por una parte del Conocimiento de una manera estrictamente práctica! ¡Conmigo no vas a filosofar, conmigo vas hacer! ¿Y cuándo empezamos? Pregunté con ironía. ¡Ahora! me contesto! ¡No me vas a preguntar nada, aún cuando tengas dudas, me vas a escuchar y vas a guardar todo lo que te diga! ¿Me entendiste Caminante?. ¡Perfectamente Maestro! .
                                                   Tienes una Estructura Cerebral que esta dividida es dos hemisferios; hemisferio derecho y hemisferio izquierdo. Y tu Mente en dos funciones: función consciente y función inconsciente. Debes mantener en equilibrio los dos hemisferios con tus pensamientos y acciones y debes  despertar tu mente intensificando sus dos funciones.- La parte derecha de tu cerebro, el hemisferio derecho, es una puerta dimensional al inconsciente y el inconsciente es una puerta dimensional a tu dimensión espiritual. Los dos hemisferios lo harás trabajar en equilibrio, en armonía, para que el consciente de tu mente produzca exactamente los objetivos que quieres lograr para que luego lo sumerjas en los mas profundo de tu inconsciente para que empiece a mover todo lo necesario para conseguirlos. Para realizar todos estos “movimientos “te hace falta un método, de manera que puedas pasar la maqueta de tus objetivos  desde el consciente al inconsciente, desde donde PENSAS a donde CREES, porque es lo que crees lo que se hace realidad. El método tiene un nombre METODO OPERATIVO; integrado por la suma de 7 técnicas que además son un método cada una en sí mismas. Esas técnicas son:                                    
                                           1 - Respiración                                             5 -Meditación
                                           2 - Relajación                                                6 - Oración
                                           3 -Visualización                                            7 - Silencio
                                           4 - Afirmación

                ¡Mañana las vas a empezar a practicar! Cuando me dijo eso  puse cara de “déjate de Joder” y baje la vista por unos segundos como tratando de descansar de esa imagen y de esa presencia; fueron segundos, cuando volví a mirar, el lugar del Monje estaba vació. No estaba. Me quede un rato como en una nebulosa. El momento justo para que mi carcajada empezara otra vez a maltratarme. Se los tengo que contar. Resulta que cuando yo pase por detrás del Monje, se me vino a la mente un chiste que me contara una cuenta chistes de mi pueblo. Me decía: “Resulta que una vez, en un templo de formación en artes marciales, un joven discípulo estaba muy preocupado desde hacía bastante tiempo. Su Maestro, ciego él, no tenía idea de lo que le pasaba, pero presentía sus sentimiento. Una tarde el Discípulo encuentra al Maestro sentado en el borde de una hermosa fuente deleitándose con el caer suave y armoniosa del agua por las cascadas artesanalmente realizadas. ¡Maestro dijo el discípulo!  ¡Si Pequeño Discípulo!dijo el Maestro ¿ que necesitas? ¡Quiero que me ayudes con algo que no puedo controlar, escúchame, por favor! ¡Te escucho Pequeño Discípulo!. ¡Maestro tu me has enseñado que los monjes son seres humanos un poquito mas evolucionados que los otros hombres porque conocemos y aprendemos los secretos del funcionamiento de nuestro Ser; que aprendemos a generar y controlar todas nuestras energías  y canalizarlas de una manera constructiva; además me has enseñado que entre todas las energías que disponemos la energía física es la que podemos generar, controlar, canalizar pero que jamás la podemos domesticar; es imposible! El Maestro escuchaba atentamente pero su mano que sostenía el bastón, se había cerrado con demasiada más fuerza que un apriete común; el discípulo siguió ¡Hace un tiempo Maestro que estoy luchando con algo que es mas fuerte que yo! ¡El Maestro ya tenía roja su mano derecha de apretar tanto su bastón! ¡Y anoche me sorprendieron todos los fantasmas de las sombras, los dolores profundos del alma, los cortes en las profundidades de mi carne! .El Maestro amago hablar, pero algo lo sofreno y lo mantuvo temblando frente a su discípulo, era evidente que algo en su garganta tenía. ¡Así llegue Maestro a lo más doloroso del dolor! ¡Necesito su ayuda Maestro! El Maestro temblaba imperceptiblemente, pero temblaba, y mucho. ¡No lo pude contener Maestro! ¡No pude controlar las imágenes que venía a mi mente extraviándome! .El Maestro gemía de dolor en silencio. ¡Caí en el más mortal de todos los combates Maestro, ayúdeme por favor!  .El Maestro sentía el dolor de su Discípulo, estaba desesperado. ¡Tengo que decirle algo Maestro!  decía el discípulo llorando. ¡Dime Pequeño Díscipulo! ¡Dime! decía el Maestro ya desesperado y con la cara roja vaya a saber porque. ¡Ayúdeme Maestro y perdóneme, por favor, perdóneme! ¡Tengo que decirselo, tenngo que decírcelo! ¿qué Pequeño Discipulo, qué me tienes que decir? Preguntaba acongojado el Maestro. ¡Anoche Maestro, anoche, ante una poderosa imagen no pude contener mis fuerzas! ¿ Qué pasó Discípulo, qúe pasó? ¡No puedo más Maestros! ¿Qué pasó? rugio el Maestro fuera de sí. ¡ Me hice una......! ¡Me masturbe Maestro, me masturbe! ¡Nooooooooo! grito el Maestro. ¡Si Maestro! decía desesperado el discípulo ¡Y me voy a morir Maestro porque cuando me estaba masturbando no ví más nada, se me dieron vueltas los ojos!. Y el Maestro fuera de sí, descontrolado totalmente, blandiendo el bastón con las dos manos al aire grito como si fuera una descarga; como si fuera soltar lastre; como si fuera una profunda confesión, le gritó al Pequeño Discipulo en pleno rostro ¡Y porqué te crees que yo quedé ciego!.-

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